Era otro Francisco Campos, su recta alcanzaba sin problemas las noventa millas por hora y dominó por ocho entradas sin problemas a las Águilas Cibaeñas. Luego vino la novena entrada, el drama, la jugada en primera, el último out y la coronación histórica para Mazatlán.
Ahora me lo encontré de sorpresa en la lomita del Teodoro Mariscal, ya que en realidad, esperaba ver a Oliver Pérez. Problemas físicos adelantaron la apertura de Campos y por momentos, nos regaló a los asistentes, un poco de su grandeza como abridor.
Tras seis entradas completas sin permitir imparables, subí a la Sala de Prensa para confirmarlo con Alexander Azuaje, narrador de los Tomateros de Culiacán. "No tiene boletos", me dijo. Guardamos silencio, en espera que Campos volviera a la lomita.
Con un out en la séptima le dio pasaporte a Brian Barden y tras el segundo tercio, Gabby Martínez terminó con el juego sin hit. La cara de frustración de Campos era evidente: sabía en todo momento que acariciaba la perfección.
Luego vino la octava y tras doble de Jesse Gutierrez abriendo tanda, Alfonso "Houston" Jiménez decidió removerlo. Aún así, Campos había conseguido algo inédito como lanzador guinda: llegar al octavo episodio.
Estoy seguro que "Houston" Jiménez lo lleva con cuidado por su edad y está convencido que no es el mismo de antes. Pero también me queda claro que como competidor, "Pancho Ponches" no ha perdido en lo absoluto y como en toda su carrera, desea completar lo que inicia.
Fue un privilegio verlo en su más alto nivel contra la República Dominicana en 2005 y lo es también ahora, observarlo en la parte final de su carrera.
Como alguna vez me lo dijo un amigo beisbolista profesional: "¿qué importa si no llegó a Grandes Ligas". Pancho Campos es un gran lanzador de nuestros tiempos.
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